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Kenia y el reto educativo en tiempos de COVID

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Tras conocerse el primer caso de COVID-19 en Kenia el 15 de marzo del 2020, el Gobierno ordenó el cierre de los colegios, que abrieron parcialmente en octubre y luego en enero de 2021. Esta situación ha incrementado la vulneración de Derechos Humanos de la infancia, pero en particular de las niñas y adolescentes, mostrando las grandes brechas de desigualdad existentes.

Desde la ONGD SED, se han reorientado los proyectos y procesos de desarrollo en ejecución para afrontar los obstáculos agudizados durante la pandemia:

Se han generado situaciones de estrés y depresión en infancia por la falta de contacto con profesorado y compañeros y compañeras del colegio. Como dice una alumna de 14 años “Me sentí muy triste porque no podía estar con mis profesores y sus asignaturas. Echaba de menos a mis amigas también y no tenía tiempo de leer cuentos con los otros alumnos. Me sentí mal, porque no podíamos ir al cole”.

Se ha incrementado la explotación laboral de infancia en entornos familiares y no familiares durante el cierre de escuelas y derivado de los efectos socio-económicos de la crisis en las familias. “Los jóvenes no tienen empleo. Los niños están afectados porque hay personas que se aprovechan de ellos para lucrarse” (Alumno de 14 años). A su vez se aumentó la carga de trabajo de cuidados no remunerados.

En la escuela no solo se educa en hábitos saludables y nutritivos, sino que el alumnado recibe al menos 1-2 comidas al día (desayuno y almuerzo) y se realiza seguimiento del estado nutricional y desparasitación que en parte frena la desnutrición infantil crónica, por lo que se ha incrementado la desnutrición infantil durante el cierre de las escuelas.

El confinamiento ha incrementado los casos de maltrato, violencia y abusos sexuales contra niñas y adolescentes a la vez que las vías de denuncia, atención jurídica y social se han visto ralentizadas.  Derivados del aumento de la pobreza, se ha incrementado el número de embarazos adolescentes, matrimonios infantiles forzados, y prácticas nocivas entre niñas y adolescentes.

“Cuando empezó la pandemia hubo mucha confusión porque nos llamaron a la asamblea y nos dijeron que al día siguiente deberíamos ir a casa. Cuando cerraron los colegios muchos de los jóvenes empezaron a consumir drogas, otras se casaron precozmente y hubo más embarazos entre adolescentes. También, la falta de materiales de lectura y la falta de acompañamiento por parte del profesorado ha rebajado el nivel educativo. Las niñas y adolescentes se han enfrentado a varios problemas como el acoso sexual, abuso sexual por parte de sus familiares y matrimonios forzados”.

Zaida, 19 años – Isla de Mfangano

 

Una de las consecuencias más claras de la pandemia ha sido la reducción de inversión pública en educación, derivada al sector sanitario, suponiendo menos inversión en programas complementarios de educación formal. Entre otros efectos, también se ha agudizado la brecha digital basada en género durante el último año. En este contexto, potenciar el ODS 4 sigue siendo un reto importante, pero que SED continúa asumiendo con esfuerzo, ilusión y esperanza.

 

Miriam Lyle García | Técnica de proyectos de la ONGD SED

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